Con motivo del reciente centenario del nacimiento de Ricardo Comas Fagundo (23.10.1923), autor de dos de nuestras imágenes Titulares, Ntra. Sra. de las Misericordias y San Juan Evangelista, la Hermandad de San Juan ha querido dedicar unas páginas del Boletín en su memoria por sus vínculos con nuestra corporación y la ciudad de Écija. Los fuertes lazos de amistad con mi padre, Joaquín Ojeda Osuna, desde que ambos coincidieron en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla, y las creaciones compartidas por ambos artistas han hecho pensar en mí para esta colaboración, con la finalidad de presentar aquí una breve semblanza de Comas como artista polifacético, con objeto de poner en valor su obra en nuestra ciudad[1].
Es esta una excelente oportunidad para apuntar también otros aspectos como creador y, sobre todo, para recordar su contribución a lo que Sonia D'Agosto ha dado en denominar “la renovación del panorama pictórico sevillano de Posguerra”, faceta a veces a la sombra de sus aportaciones en el mundo cofrade como imaginero, restaurador, diseñador y artífice, no solo de la estética de la hermandad sevillana de la Exaltación, sino también, en cierta medida, de la de nuestra cofradía.
TRAYECTORIA VITAL Y ARTÍSTICA
La obra de un artista siempre se entiende mejor en su contexto. En el caso de Comas, la Sevilla de Posguerra es el marco de su etapa de formación e inicios de la carrera, período estudiado por la Dra. D'Agosto, profesora del Dpto. de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla[2], en su tesis doctoral a la que aludiré en varias ocasiones.
Nacido en Sevilla en 1923, desde muy niño vive en la calle San Felipe, aledaña a la iglesia de Santa Catalina, por lo que la familia y él mismo están ligados a la hermandad de la Exaltación, de la que llegaría a ser hermano mayor en dos ocasiones (1974 y 1979). Como él mismo escribió[3], su vida transcurre en torno a la vecina Casa de los Artistas, frente a San Juan de la Palma: allí juega de niño, conoce a la que más tarde sería su esposa y entabla relación de amistad con los grandes artistas que allí tenían sus estudios (Juan Miguel Sánchez, José Rico Cejudo, Alfonso Grosso, Félix Lacárcel, Santiago Martínez, Rafael Cantarero y Francisco Buiza, entre otros).
El interés por el dibujo es tal que le lleva a falsear su edad para poderse apuntar con 11 años a las clases nocturnas de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla. Es entonces cuando bebe de los grandes maestros del barroco como Valdés Leal o Zurbarán y se interesa por las técnicas antiguas, entrando además como aprendiz en el taller del imaginero Castillo Lastrucci. Tras la Guerra Civil retoma su formación, compaginando sus estudios con tres años de servicio militar.
En 1944, ingresa a la Escuela Superior de Bellas Artes Sta. Isabel de Hungría con una beca de la Dirección General de Artesanía, desafiando la oposición de su padre, partidario de que prosiguiese con la empresa familiar. Allí recibe clases de profesores como Alfonso Grosso, Félix Lacárcel, Rodríguez Jaldón o Juan Miguel Sánchez. Y allí conoce y entabla una estrecha amistad con mi padre, Joaquín Ojeda, también alumno de la Escuela, relación que les lleva a diversas colaboraciones artística y que se refuerza con varios apadrinamientos familiares.
En el panorama artístico sevillano de esos años aún perdura el realismo de cuño academicista y raíz decimonónica junto con el costumbrismo regionalista, destacando pintores como Gustavo Bacarisas y Gonzalo Bilbao. En ese periodo de posguerra muchos artistas españoles de capitales de provincia intentan renovar sus propios ambientes culturales, como señala D’Agosto. Así en Zaragoza se crea el Grupo Pórtico (1947), pionero de la pintura abstracta o informalista española, en Cataluña el vanguardista Dau al Set (1948), formado alrededor de la Revista homónima catalana al que estuvieron vinculados pintores de la talla de Tapies y Cuixart, o en Almería el innovador Movimiento Indaliano (1946), fundado por el pintor y escultor Jesús de Percebal. Algo similar ocurrió en Sevilla, bajo los auspicios del Club la Rábida y del Ateneo hispalense, con la creación del Grupo 49 (1951) y la Joven Escuela Sevillana (1952), grupos en donde Comas participa activamente en su creación.
El Grupo 49 debe su nombre al año en que terminan sus estudios los jóvenes artistas que lo conforman: J.C. Barroso, J. Duarte, D. Fernández, A. Milla, J. Ojeda, F. Reguera y A. Rodríguez de Trujillo, además de Comas. Este grupo y la Joven Escuela Sevillana (1952), a la que también pertenece Ricardo junto a artistas como J. Gordillo, S. del Campo, F. Cortijo o C. Laffon, representan una contribución clave de la primera ola de pintores comprometidos con la modernidad y la renovación de las artes plásticas, aunque no justamente reflejada en la historiografía artística sevillana, andaluza y española, según D’Agosto.
Este impulso innovador se atribuye en gran medida a dos instituciones de la época: la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla (1942) y el Club La Rábida, fundado en su seno en 1949. Estas, a partir de la década de los cincuenta, fomentaron la apertura y el debate, promoviendo diversas actividades culturales que impulsaron la renovación cultural, como tertulias, reuniones literarias, conferencias, cine y exposiciones. En este contexto de los años 50, destaca la tertulia de artistas e intelectuales conocida como La Camilla, en la cual también participa Comas. A finales de 1959, cinco integrantes del I Salón de la Joven Escuela Sevillana decidieron formar un nuevo movimiento artístico: el Grupo Itálico, compuesto por F. Delgado Montiel, A. del Río, J. Morales Tejero, A. Milla y el propio Comas, celebrando su primera exposición en el Ateneo sevillano. El papel activo de Comas en este terreno no se agota en el tiempo y le lleva a ser nombrado Vocal del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla (1971).
Asimismo, la Escuela de Paisaje de La Rábida (1948), impulsada por el pintor Vázquez Díaz en la recién creada Universidad de Verano de Sta. María de La Rábida (1943), desempeña un papel crucial en la formación y promoción de estos artistas. En la primera edición, Ricardo Comas (Premio Extraordinario de la Escuela Superior de Bellas Artes en 1947) participa como becario junto a Joaquín Ojeda (Premio Extraordinario de la Escuela Superior de Bellas Artes en 1948 y Premio de la Exposición de Artesanía en 1947) y Manuel Caballero (Premio de grabado de la Diputación de Sevilla en 1947). En ese período, Comas colabora con sus dibujos y grabados en la revista de poesía Ixbiliah, en la revista Lirica Hispalense y en las ilustraciones de un libro, además de en la organización de la Exposición Selectiva regional de la II y III Bienal Hispanoamericana de Arte (1953 y 1955, respectivamente).
A partir de 1953 Comas compagina su labor creativa con la actividad docente e investigadora, desde que es nombrado catedrático interino de Grabado de la Escuela de Artes y Oficios de Cádiz (1953-1958). Al regresar de Cádiz, trabaja como docente en varios centros como la Escuela de Artes y Oficios Artísticos y en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla. Desde 1969 es profesor en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, siendo nombrado en 1973 Catedrático Interino de Dibujo del Natural en Movimiento (pasa a ser numerario en 1976) y posteriormente profesor titular, cuando ya la Escuela se integró en la Universidad de Sevilla como Facultad. Desde su cátedra dirigió trabajos de investigación y tesis doctorales, además de impartir clases sobre Imaginería Religiosa en la Cátedra Martínez Montañés y hacerse cargo del Laboratorio de Fotografía. Su labor profesional y sus vínculos con Écija hacen que fuera nombrado académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Buenas Letras «Luis Vélez de Guevara».
OBRA ARTÍSTICA DE RICARDO COMAS
Comas pintor de caballete
Hasta los años 70 fue amplia su producción en pintura de caballete, donde representa paisajes, retratos, bodegones y mucha temática religiosa tendente al expresionismo. Una obra presentada a numerosas exposiciones y donde trasciende sus inquietudes estéticas y más personales que lo guiarán hasta sus últimas producciones.
La pintura de Ricardo Comas suele ser de difícil calificación y clasificación ya que su curiosidad le lleva a experimentar distintas técnicas, a trabajar en distintos soportes y a buscar nuevas formas de expresión. En una entrevista Comas afirma que no quería ser encasillado: “No pretendo ser un pintor de vanguardia porque este es un concepto que tiene validez hoy y mañana deja de tenerlo y tampoco me interesa el academicismo. Sólo pretendo investigar y pintar con criterios actuales. Aunque admiro a cualquier hiperrealista, no concibo ese trabajo, porque entiendo que la obra debe tener otro interés que el que supone la copia exacta del natural...”. Admitía, pues, que, antes que el propio motivo, lo que le interesa es la calidad que pueda conseguir con la pintura: “No la belleza técnica, sino la calidad plástica”[4].
Comas muralista
La obra pictórica más vinculada con Écija es la muralista, donde trabaja en perfecta simbiosis con Joaquín Ojeda. Un tándem pictórico que ya tuvo antecedentes en los nueve murales realizados para la Universidad Hispanoamericana de La Rábida (1950) y en los desaparecidos siete murales del Colegio Mayor Hernando Colón en Sevilla. Su obra conjunta en nuestra ciudad entronca con el tradicional uso del color en la arquitectura ecijana a la vez que, por la modernidad de su factura, manifiesta claras influencias de grandes muralistas como Vázquez Díaz y Juan Miguel Sánchez. Las obras para estos contextos religiosos destacan por sus cuidados programas iconográficos, habitualmente presentados en escenografías adaptadas a los espacios arquitectónicos con escenas religiosas y motivos alegóricos, de indudables reminiscencias barrocas, pero realizadas con lenguaje contemporáneo, especialmente evidente en los murales de San Francisco y en la Capilla del Cementerio.
- En la Iglesia de San Juan, Comas y Ojeda realizan en torno a 1953 una serie de pinturas murales en el presbiterio y en el crucero (pechinas y machones de la cúpula). Se emplea la técnica de la aguada (procedimiento donde se utiliza el óleo con gran cantidad de aguarrás) para facilitar el agarre del pigmento al paramento, ya que las condiciones del soporte no permitían pintar al fresco. También crean una pintura dedicada a la Inmaculada Concepción en el atrio de la iglesia (1952-1953), con motivo del Centenario de la renovación del voto de la ciudad al Dogma de la Inmaculada.
Algunos de esos trabajos se han perdido al ser eliminados o cubiertos recientemente con motivo de la restauración de la Capilla[5], siendo lamentable la desaparición del mural de la Inmaculada, no solo por su valor artístico y testimonial, al haberse realizado de forma altruista como un ensayo sobre los pigmentos aplicables en Santa María[6], sino también por sus valores conmemorativos e identitarios estrechamente vinculados a Écija ya que se realizó en conmemoración del Centenario del voto de la ciudad al Dogma de la Inmaculada[7], y el mural fue concebido a modo de retablo callejero en el atrio de acceso a la Capilla. Ubicado en una hornacina desnuda de la inacabada iglesia, junto al acceso desde la calle, se trataba de un espacio exterior a la Capilla y, de facto, semipúblico, por lo que conectaba con la tradición ecijana de los retablos callejeros y la pintura de fachadas.
- En la iglesia de Santa María de la Asunción, pintan al fresco la Capilla Sacramental (1953-1954), donde crean un completo programa iconográfico en torno a la Eucaristía, de claras influencias del barroco sevillano. Según J. Aguilar, es ahí donde mejor se aprecia “su destreza y sus cualidades plásticas”[8], apuntando que la técnica al fresco limita el repertorio de colores, predominando los azules, el blanco, el ocre, el negro y el tostado.
Quizás sea menos conocida la obra de ambos artistas en el Retablo del Crucificado de la Misericordia, pequeño retablo de la nave de la Epístola que alberga una talla de Crucificado del XVI que ellos enmarcan con pinturas murales y, para componer un Calvario, flanquean la imagen del Cristo con dos tablas al óleo de la Dolorosa y San Juan. También decoran el Camarín del Cautivo (1959).
- Las pinturas del Presbiterio de San Francisco (iglesia de San Antonio de Padua) quizás sean la obra pictórica más personal de ambos artistas en Écija (1958), destacando por la modernidad del lenguaje con claras influencias del neocubismo de Vázquez Díaz y el tratamiento arquitectónico de los planos superiores. Realizados al fresco, los dos murales que flanquean el retablo mayor representan las apariciones de la Milagrosa a Catalina de Labouré.
- En la iglesia de Santa Cruz en Jerusalén realiza al fresco con Ojeda las pinturas del Camarín del Cristo de la Sangre (1960-1961). Por esta época trabajan también en la ermita de la Asunción de Estepa.
- En el interior de la Capilla del Cementerio municipal, Comas y Ojeda, realizan el mural de cabecera escenificando de forma sencilla la Muerte y Resurrección de Cristo. Como bien señala J. Aguilar, “en la ejecución de este trabajo pictórico, los artistas también gozaron de esa libertad interpretativa que se les concedió en la realización de las pinturas del templo de San Francisco. Esto hace que, de nuevo, observemos ese intento de arquitectonizar la pintura”[9], junto al uso de un lenguaje más moderno, destacando ambas obras por su acentuado expresionismo y el alejamiento de la estética clásica.
Más adelante, realiza, ya de forma individual, murales para la iglesia de Guadalema de los Quintero (1967) y los grandes murales cerámicos de la calle Cervantes de Cuenca (1970).
Comas escultor
Dejando aparte la reducida y exclusiva labor como imaginero, su obra escultórica se inicia a principio de los 60 y, básicamente, se vincula a la escultura monumental en espacios públicos, donde Comas puede aplicar su concepción del realismo expresionista, con un sentido sobrio y esencial. Estas obras son reflejo de esa concepción plástica de renovación que vemos en su pintura, alejada del realismo academicista mediante el tratamiento arquitectónico de ropajes y volúmenes. Su sentido de la modernidad se plasma en esculturas rotundas que no se dejan avasallar por la belleza de los espacios urbanos para los que fueron creadas.
Por estos años tiene dos encargos en Écija: el Mausoleo del torero Lorenzo Lucena Rabanillo (1964) y la Fuente de las Ninfas en la Plaza de España (1965).
Cuando el Ayuntamiento encarga a Comas una fuente para la Plaza de España inspirada en la antigua Fuente de las Ninfas allí ubicada (1606-1866) y en sustitución del popular Quiosco de la Música, nadie iba a pensar que esa monumental nueva fuente iba a quedar tan arraigada en la memoria colectiva de los ecijanos y del Salón. En esta obra, las cuatro ninfas bajo la taza superior vierten agua de un cántaro, sosteniendo con la mano contraria las producciones agrícolas de la población: aceite, trigo, maíz y algodón. Y esto me lleva a enlazar con otra de sus muchas facetas creativas: el diseño, en colaboración con Ojeda, de las carrozas de la Fiesta del Algodón, que entonces se celebraban anualmente en nuestra ciudad. Esta labor también la desarrolla de forma brillante en la Cabalgata de Reyes del Ateneo de Sevilla durante su etapa de director artístico y presidente de la Sección de Bellas Artes, iniciada en 1979.
En 1970 trabaja con el escultor Emilio García Ortiz, en distintos murales de cerámica, y vidrieras artísticas. Su trabajo de docente en la Escuela de Arquitectura de Sevilla le lleva a colaborar con arquitectos, como en el Mausoleo de la familia Conde en Mérida (1972), colaboración que se extiende al diseño de murales cerámicos, caso del gran mural con paisajes marismeños que diseña para el nuevo Santuario del Rocío de Antonio Delgado-Roig y Alberto Balbontín, propuesta que nunca llega a materializarse al optarse finalmente por un retablo neobarroco. En 1978 realiza también para nuestra ciudad el Monumento a Sor Angela de la Cruz, su última escultura monumental y fiel reflejo de su plástica.
Comas Imaginero
La constante búsqueda de nuevos lenguajes plásticos en contraste con la vigencia de la estética neobarroca imperante en las hermandades explica que su obra como imaginero se reduzca a solo tres obras. Se trata de imágenes devocionales de hermandades con estrechos vínculos personales con el artista: Nuestra Sra. de las Misericordias (1967) y San Juan Evangelista (1973) con policromía de Joaquín Ojeda, por la familia Ojeda; y la Virgen de los Desamparados (1974), por su hermano Luis Comas, entonces hermano mayor de la recién creada hermandad de la Santa Cruz del sevillano Parque Alcosa. En estas obras supo conjugar a la perfección los cánones de la imaginería procesional con la impronta y personalidad de sus esculturas, como prueban sus dos Dolorosas de candelero, de grandes ojos almendrados y belleza muy personal.
Puntualmente creó obras de pequeño y medio formato vinculadas a su faceta de diseñador, como las tallas de los Evangelistas del paso del Nazareno de San Juan o las capillas con personajes bíblicos en la base de los varales de Ntra. Sra. de las Lágrimas[10].
Comas diseñador
Su faceta de diseñador en el mundo de las hermandades y cofradías es bien conocida en la Hermandad de San Juan, ya que Comas tuvo mucho que ver en la mejora y renovación estética de los pasos y enseres, por lo que soló mencionaré otro ejemplo en los que desarrolla esta vertiente creativa colaborando con otros artesanos y artistas, el de su Hermandad de los Caballos. Justamente Comas es reconocido en el mundo cofrade sevillano como “uno de los grandes artífices de la estética, entre otras muchas cuestiones en el mundo de las cofradías, de la cofradía de la Exaltación, una de las corporaciones con mayor tesoro devocional de la Semana Santa de Sevilla”[11]. Baste decir que bajo su dirección artística en 1960 se reforma el misterio de la Hermandad de la Exaltación (el grupo escultórico había sufrido varias remodelaciones a lo largo del XIX y primer tercio del XX) y, tras un profundo estudio de las figuras, su composición adquiere mayor movimiento y vistosidad. Por otra parte, es autor del diseño de los varales, candelabros de cola y jarras del palio de la Virgen de las Lágrimas, entre otros enseres de esa cofradía elaborados por Villarreal, colaboración que estuvo igualmente en el diseño con Ojeda del paso de nuestra Patrona, que luego ejecutó Villarreal (1972) con los santos de las esquinas de Comas.
Finalmente quisiera concluir esta semblanza de Ricardo Comas como artista, recordándolo con gran cariño como persona. Ricardo fue un hombre sencillo y bueno, de pocas palabras, pero de profundos pensamientos, agudo y bromista, serio y afectuoso, tranquilo y afable con todos, cofrade de hondas convicciones religiosas y siempre disponible para nuestra Hermandad -su Hermandad-, como así lo recordareis los que tuvisteis la oportunidad de conocerlo en San Juan.
[1] Agradezco la confianza en mi depositada para tal menester. Por otra parte, mi agradecimiento a Valle Ojeda Calvo, mi hermana, por su colaboración y a Virginia García Hiraldo, Julio Ojeda Pérez y Antonio Martín Pradas, por la cesión de las imágenes.
[2] D'AGOSTO FORTEZA, S (2014): La renovación del panorama pictórico sevillano de Posguerra. Tesis doctoral dirigida por el Prof. Dr. Gerardo Pérez Calero. Sevilla, (https://idus.us.es/handle/11441/26794).
[3] COMAS FAGUNDO, R. (1997): “Mis recuerdos de la casa de los Artistas”, en La Casa de los Artistas. Catálogo de la exposición del Museo de Bellas Artes, Sevilla, 25 de octubre a 23 de noviembre. Sevilla, pp. 67-76.
[4]LORENTE, M, (1978): “Ricardo Comas. Un pintor que también es escultor, imaginero y ceramista”, ABC, 23-11-1978, pp. 43-44
[5] MARTIN PRADAS, A (2000) “Pinturas murales en el interior de las iglesias parroquias de Écija. Aproximación a su inventario”. Actas del V Congreso de Historia. “Écija en la Edad Contemporánea” (Celebrado en Écija, del 26 al 28 de marzo de 1998). Écija, p. 179: “Esta pintura, junto con las que Ricardo Comas y Joaquín Ojeda realizaron en el presbiterio de esta iglesia, fueron cubiertas en los trabajos de restauración llevados de 2002 a 2006. Esta decisión ha provocado privar a las futuras generaciones de ecijanos de contemplar unas pinturas realizadas por unos artistas que tienen un gran prestigio y reconocimiento nacional, por ser seguidores y pertenecer a la Escuela de Daniel Vázquez Díaz, cuyas pinturas del Monasterio de La Rábida de Huelva le han hecho famoso a nivel mundial”.
[6] AGUILAR DÍAZ, J. (2000) “Las pinturas murales de Joaquín Ojeda y Ricardo Comas en Écija” Actas del V Congreso de Historia. “Écija en la Edad Contemporánea” (Celebrado en Écija, del 26 al 28 de marzo de 1998). Écija, p. 94
[7] Véase MARTÍN PRADAS, A. y CARRASCO GÓMEZ, I. (1993): Manifestaciones de la religiosidad popular en el callejero ecijano. Écija, Gráficas Sol, pp. 50-51.
[8]AGUILAR DÍAZ, J. (2000), pp. 94-97.
[9] Ibidem. pp. 99-101.
[10] GONZÁLEZ GÓMEZ, J.M. (2000): “Escultura e iconografía de los siglos XIX y XX en Écija”. En Actas del V Congreso de Historia. “Écija en la Edad Contemporánea”. (Celebrado en Écija, del 26 al 28 de marzo de 1998). Écija, 2000, pp. 31-32.
[11] https://sevilla.abc.es/pasionensevilla/noticias-semana-santa-sevilla/cumple-siglo-nacimiento-ricardo-comas-20231205003917-nts.html